Melgart Arte de Paseo

MELGART Arte de Paseo
Museo de Arte Moderno de Bogotá, Colombia 2013
Adriana García, Adriana Ramírez, Alvaro Moreno Hoffman, Alvaro Ricardo Herrera, Andrea Acosta, Andrés Bustamante (FRIX) Andrés Castaño Abdelnur, Andrés Londoño, Andrés Matute, Bernardo Montoya, Brayan Méndez, Carlos Castro, Cesar Franco, Colectivo Zunga, Daniel Montero, Diego Aguilar, Diego Taborda, El Pimp Producciones, Esteban García, Fernando Rodríguez, Gonzalo García, Hernán Marín, Humberto Junca, Ivonne Viviana Villamil, Jaime Barbosa, Jaime Gamboa, Javier Vanegas , Juan Sebastián Corcione, Juan Uribe, Karen Aune, Karolina Rojas, Laura Peña, Liliana Sánchez, Lina Sinisterra, Liliana Vélez Jaramillo, Los Claudios de Colombia, Lucas Agudelo, Manuel Quintero, Marcela Varela, Mario Chejab, Mateo Cohen, Mónica Zamudio, Néstor Gutiérrez, Petra Muerkl, Rodrigo Echeverri, Santiago Forero, Sara Milkes, Sebastián Camacho, Sebastián Dávila, Sebastián Ramírez, Susan Andrade, Viviana Cárdenas y Ximena Díaz.
Es muy probable que el colombiano citadino promedio haya ido de paseo alguna vez. Muchos, con lo poco que pueden ahorrar, intentan salir de sus respectivas urbes en épocas de vacaciones o incluso en algún puente festivo y se desplazan a un pueblo cercano o hasta donde el dinero alcance. Es también probable que siempre se recuerde el momento del paseo con añoranza y felicidad, por muy terrible que esa experiencia haya resultado y a pesar de las peleas familiares o desencuentros amorosos. Ir de paseo es una forma de distracción y de esparcimiento que se convirtió en un lugar común y que despierta la memoria colectiva: la olla del sancocho, la piscina, el auto renault 4, la finca; todas esas imágenes son más que recuerdos pare convertirse en una especie de afirmación de la identidad local que permiten entender una serie de dinámicas colectivas y sociales.
La pregunta que quedaría pendiente después de esa pequeña reflexión al respecto del paseo vacacional es por qué realizar una exposición con una temática aparentemente tan trivial. La respuesta que se presenta de forma casi inmediata es que una exposición de estas características no es “solo” temática, sino que el problema del paseo, además de ser un lugar común (acá haciendo una referencia a lo común como lo que forma “comunidad”) es que es un detonante de algunas otras cuestiones que conforman la misma idea de paseo. En primer lugar, un paseo lleva implícita la idea de desplazamiento; pero ese traslado tiene una característica especial: no es un “viaje”, que implicaría una forma de movimiento más definitivo y con unos propósitos mucho más productivos. Un paseo puede realizarse cerca o lejos del lugar de origen pero nunca es muy largo y siempre implica algún tipo de distracción. En ese sentido “pasear” es un desplazamiento no productivo y de descanso, de ocio.
Pero, ¿para qué moverse para descansar? La idea del paseo está completamente circunscrita en una forma de producción capitalista: el paseo es una forma de descanso, que puede ser individual o colectiva y que genera una pausa en una actividad laboral determinada. Pero el paseo, a diferencia del viaje, es mucho más limitado y es por un tiempo preciso que puede involucrar una cantidad mínima de dinero hasta unos ahorros moderados, como una “prima navideña” o una ganancia ocasional. Es por eso que los paseos hacen parte del imaginario de clases socioeconómicas determinadas casi siempre de bajas a medias. Claramente y en ese mismo sentido, el paseo no es una ruptura de una forma de producción sino que la implica: se pretende descansar al irse de paseo para volver irremediablemente al trabajo.
Por otro lado, la idea de paseo tiene que ver con la idea de memoria. Es muy probable que el lugar más común para las personas de clases bajas y medias, de ciertas zonas del país, tenga que ver con un viaje corto (en distancia y tiempo) que se realizaba a las afueras de la ciudad, con su familia o amigos, generalmente a lugares de clima cálido. Esas experiencias, que casi siempre quedaban registradas en una cámara fotográfica de bajo presupuesto (y de esa misma calidad son las fotos que nos quedan), remiten a sensaciones y percepciones muy singulares que estaban relacionados con deseos ingenuos de infancia, pero también con momentos en que las relaciones interpersonales debían ser alteradas para devenir “más” fraternales: el ocio hace que uno esté con el otro de maneras desinteresadas y no productivas. Es por eso que, al perder la dinámica laboral a la que se está acostumbrado, es muy probable que haya manifestaciones de afectos y efectos que antes no era posible observar: aparecen conflictos familiares o fraternales que a veces ni se resuelven y que quedan latentes e incluso romances intempestivos casi siempre de poca duración.
Por último, es muy claro que un paseo puede ser improvisado o no, pero siempre tiene un fin recreativo, en el sentido más general de esa palabra. Se puede dar un paseo por las calles de la ciudad sin un rumbo fijo o en efecto, se puede salir de paseo con un rumbo establecido de antemano, siempre buscando nuevas relaciones con el entorno. Un paseo por lo general ayuda a suspender el pensamiento y llevarlo a otro lugar, sea por las razones que sean. Es así que el ejercicio del no-pensamiento y de una eventual “dispersión” se pueden convertir eventualmente en pensamiento complejo; es claro que lo que estoy afirmando en ese sentido no es que acción del pasear sea algo complejo per se, sino que por su misma simplicidad vale la pena repensarlo como un espacio de reflexión.
La propuesta de la exposición MELGART: Arte de paseo, tiene que ver precisamente con reelaborar el tema del paseo como un fenómeno que desde el siglo XIX ha estado presente, incluso en obras fundamentales para la historia del arte (desde Courbet, Manet, Monet, obviamente los surrealistas y situacionistas, hasta artistas contemporáneos como Richard Long y Francis Alÿs), pero también con experiencias más recientes en el arte nacional como las de Mateo López y sus Diarios de motocicleta una obra que parte de la idea del viaje y de la que se produjeron una serie de impresos o Kevin Mancera y su obra En búsqueda de la felicidad en la que el artista viaja por toda Latinoamérica buscando pueblos que se llamen La Felicidad. Además -y es claro que acá recae toda la fundamentación de la curaduría de la exposición- se pone en juego la experiencia previa de cada uno de los artistas y de sus memorias de sus propios paseos con eventos generados ex profeso para la muestra que consisten en viajar comunitariamente desde Bogotá a una distancia no mayor a Girardot en un pequeño auto para producir obras tanto en el trayecto como en los diferentes destinos posibles.
La exposición está fundamentada precisamente en ese doble movimiento: el primero tiene que ver con revisiones individuales de las experiencias de cada uno de los artistas como historia pero también como problema conceptual. Y por otro lado se han realizado una serie de paseos que sirvieron como referencia para hacer la obra que se expone. Así, en la sala de exhibición se podrán encontrar “lugares comunes” que provocarán “reflexiones comunes” sobre la idea del desplazamiento, la memoria, la producción, la diversión etc. En ese sentido, esta muestra que más que estar integrada por piezas aisladas, está conformada por unas obras colectivas que algunas veces se entrelazan en el espacio.
Curadores: Si Nos Pagan Boys
http://www.sinospaganboys.com

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