Neoptiks-en.light.en

Neoptiksen.light.en
Karen Aune/ Hernando Barragán
LA Galería, Bogotá
Colombia – 2009
Mas allá del juego crítico del Pop que desdibujaba las estructuras entre alta y baja cultura, hoy el artista es un productor de conocimiento e información inmaterial que se inserta dentro de las industrias de producción de la visualidad contemporánea mediante mecanismos de producción y distribución. La reacomodación de los sistemas de producción hace forzosamente necesario su operación en un intermedio crítico: el intervalo entre diseño de producto y objeto serial, entre prototipo y manufactura estandarizada. La “fabricación” se convierte en una proyección del paradigma del capitalismo tardío por una total especialización y las estéticas del lujo diseñado crean experiencias en la vida cotidiana; es en este campo donde  artistas como Karen Aune y Hernando Barragán han visto las posibilidades de producción contemporánea en proyectos que exploran las adaptaciones a este régimen tecnocrático a través de obras que son productoras de experiencia como actos de consumo inmaterial.
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A pesar de que la tecnología se haya convertido en un medio inevitable a través del cual pensamos esta también esta en el plano “de un tiempo por venir […] a la forma que adoptará esa cultura en ese tiempo futuro.” [1]  Los trabajos de Barragán y Aune son reflejo de la teoría del caos, de la incertidumbre y de los fenómenos no lineales.
La obra de Aune comunica extrañeza, secuencias que por todo su desarraigo crean un corto circuito frente a cualquier esfuerzo para tratar de comprenderlas. Su obra se construye de patrones visuales extraídos como órganos autónomos que a través del software repite, escala y traslada de una obra a otra. Neoptiks no tiene un sentido de comienzo ni final, sus elementos fluyen paradójicamente en el espacio aunque la sugerencia de una narrativa de vagas formas familiares persiste en esta obra. La manipulación del programa – acto intermedio entre la imagen original y el prototipo base de la pintura – tiene consecuencias directas en su apariencia final; la escala infinita en que las imágenes pueden reproducirse a partir del computador parece diluir en apariencia el volumen, el espacio, y la perspectiva sobre la superficie pictórica. Los colores a veces son planos y otras contaminados, saturados y vibrantes. La imagen digital no deja de existir implícitamente dentro de la pintura y por tanto funciona como aparato de recreación “espectacularizada”, como simulador de una realidad por venir.
Los dispositivos de en.light.en de Barragán conservan por otro lado la ambigüedad entre obra única y objeto de consumo masivo, entre nociones tradicionales de arte como original y producto de diseño por el otro. En ellos se desarrolla la interacción en su forma mas simple y lúdica: intrigan e inquietan al espectador al plantearle  relaciones inusuales e inesperadas a partir de objetos aparentemente sencillos pero tecnológicamente sofisticados. Usando Wiring como plataforma de programación que permite la creación de ambientes tangibles para el medio informático, estos dispositivos plantean para el observador/usuario formas nuevas de relacionarse con realidades inmateriales, planteadas corporalmente hoy pero aún sobre la promesa de realizarse socialmente en un futuro cercano.
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Interviniendo a través de la tecnología el espacio del sujeto, los dispositivos de en.light.en  crean una interacción mediada por el acto tecnológico que plantea una interrupción de las relaciones sociales y psicológicas del espectador por parte de la semiótica performática propuesta por el objeto tecnológico. Neoptiks, por otro lado,  dispone como signos de la realidad un sistema de anormalidades que son reminiscentes del Bosco; existe en esta obra un cierto voyerismo que es la continuación del trabajo de Aune con estructuras que parten de lo orgánico como cuerpo, como estado básico de lo material a través de la exposición topológica del tejido como elemento original y mutante, como redenciones de Adán y Eva en las que el sujeto se ve desentrañado. Así, los actos visuales de nuestra sociedad actual producen actos de ver y darse a ver, de mirar y ser vistos a través de los cuales el sujeto es producido. Este acto performativo visual se articula a través de la experiencia del sujeto con el campo de la visión, de tal manera que el propio sujeto de visión viene a ser intervenido como tal por la decisiva potencia de este campo.[2]
1 José Luis Brea. El tercer Umbral: estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural.
2 Ídem 1
Carlos Betancourt
Curador
NEOPTIKS3