Neoptiks: La anatomía

La anatomía de la imagen 
Alianza Francesa de Bucaramanga
Colombia – 2010
El flujo desaforado de imágenes es quizás uno de los fenómenos más abrumadores en el escenario de la vida contemporánea, imágenes impresas, circulantes en la red, ampliadas en la publicidad urbana, proyectas en la televisión y el cine, circulando a través del teléfono celular, en fin, en cuanta forma es posible de reproducción, la infinidad de imágenes que se crean y se lanzan cada segundo al mundo de la comunicación pública y privada es inconmensurable.
Al mismo tiempo las posibilidades de acceso y manipulación de dicho océano de imágenes es tan fácil que se instaura como una inagotable cantera de observación, fisgoneo, comunicación y creación. Si hablamos más concretamente de la imagen digital, que se convierte en la directriz dominante hacían donde tiende el universo codificado, se puede asegurar que como herramienta manipulable para los diferentes sistemas de comunicación tanto lógicos como simbólicos, se hace muy importante, por no decir fundamental.
Al surgir la imagen digital se crea por supuesto un universo al interior de la misma, que hace pensar en una nueva “anatomía de la imagen” desde donde es posible entender otros comportamientos en la estructuración visual del mundo, como el de las aproximaciones psicológicas y de conocimiento para el ser humano. En el campo del arte, por ejemplo, se abren nuevos escenarios de interdisciplinariedad, que ponen al creador en la rica posibilidad de re-definir el sentido de “pintar”, de componer, de percibir, de editar y emitir imagen y concepto, desde perspectivas que se dislocan de la realidad si el artista lo desea y permiten a la mirada asomarse a mundos artificiales e incluso umbrales de la realidad en hibridación con los universos virtuales.
Ver el trabajo de Karen Aune aboca a esa nueva dimensión de la imagen, el primer impacto es el de un nuevo cuerpo de la imagen, auscultada, revisitada y diría, incluso, que diseccionada mediante el bisturí de los códigos de mapas de bits y vectoriales. Sus obras en la exposición Neoptiks invita a reflexionar que la imagen, al igual que una masa de cera que se debate entre lo sólido y lo líquido, está dotada de una maleabilidad propia, una suerte de ley de comportamiento en la inmaterialidad, que trasciende la mera fisicidad del papel y de la tinta, o de la celdilla de píxel, y que se sitúa más bien en las leyes de expansión y contracción, de inoculación del caos en el orden de un mundo lógico moderno, de una nueva forma de pensar y poner el color, pertinente a una nueva forma de ver del ojo y de percibir culturalmente.
Por otro lado se desbordan varios límites: el límite entre lo pictórico y la imagen digital, ya que se dan cita los elementos convencionales del dibujo, la forma, los campos de color y los niveles de profundidad o de planos que generan las formas orgánicas y el color en aras de una totalidad que parece una realidad estrangulada, es más, algunas imágenes son tomadas de un proceso de cirugía ocular y son manipuladas para crear esa especie de narrativa pasada por algún filtro onírico, un nuevo estado surreal . ¿Qué relación tendrán la dimensión tecnológica de lo virtual y esa pesadilla que vive infinita dentro de toda imagen?
Otro límite desbordado es el de orden y caos, ¿en qué umbral se sitúan sus imágenes cuando un dejo de realidad parece comprimido en ese estado de licuefacción similar al encuentro del aceite y el agua? Es precisamente esa posibilidad que escapa al universo euclidiano la que invita al ojo a buscar otras oportunidades, un mundo de mayores compatibilidades donde lo inesperado es bienvenido y la complejidad es fundamental, complejidad como escape a la lógica de la geometría sintética reticular y paralela que sustenta el sistema moderno del cubo Rubik.
En el universo artístico que plantea Karen Aune, las posibilidades de la forma y de la experiencia son infinitas, las lógicas de lectura, a pesar de tener orígenes en la experiencia, sugieren considerar abismos orgánicos de la imagen donde la percepción contemporánea parece hallar respuesta, placer estético y sosiego.
Finalmente debe considerarse que Karen no solo plantea imágenes, sino que construye situaciones espaciales y vivenciales, en las cuales la imagen forma parte de una experiencia inclusiva. La gran pintura dialoga con el objeto imagen estructurando un universo físico que invita a ser recorrido. La experiencia se complementa con un elemento amarillo que a la manera de un plasma parece estructurar un paisaje habitable, de recorrido real en el cual las imágenes abren la ventana a la experiencia que desea plantear la artista. En ese sentido, el caos es un elemento fundamental como estación de partida y de tránsito a un mundo ordenado dentro de coordenadas contemporáneas, quizás mejor futuristas, de una estética coherente a los estímulos que la tecnología de la imagen, los campos diversos del lenguaje y las nuevas formas de la narrativa parecen palpitar en el contexto del escenario actual.
Realmente creo que la obra de Karen Aune es una bella experiencia que además de ver nos permite pensar sobre mundos internos que circulan como un sistema sanguíneo entre imágenes, sensaciones y aconteceres mecánicos y digitales del vivir cotidiano que nos compete.
Germán Toloza
Curador y Artista
NEOPTIKS2