LAPSUS TRÓPICUS IN SITU 2015-Presente
Lapsus Trópicus I Instalación en sitio específico I 2015-2022
Corte CNC sobre madera triplex de 12 mm y acrílico de 3 mm
Escultura principal: 95 x 182 x 1.500 cm
Escultura complementaria: 170 x 92 x 86 cm
Espacio: 10 espejos acrílicos de 183 x 122 cm y pintura vinílica gris al 18% en paredes y recortes de MDF de 3 mm en el suelo
Sonido: Archivo WAV en bucle de 51 min (comisionado a Alejandro Zuluaga y Pol Moreno)
Equipo: Carlos Salamanca (3D y Rhino), William Aparicio (Investigación y Fotografía), Oscar Parada y Jon Mario Suaterna (FabLab), Ángela Lozano (Coordinadora de la Exposición) Luis Ángel Bejarano, Jeniffer Pinto, Mauricio Corredor, Jefry Triana, Pablo Rico (Asistentes de taller y montadores de la exposición), Gabriel García (Pintor)
Video: Producido por Kiranfilms
Lapsus Trópicus
Feria Internacional de Arte Contemporáneo – ARTBO-SITIO
Bogotá, Colombia, 2022
Museo Zenu de Arte Contemporáneo MUZAC
Monteria Colombia 2017
Fundación Faro del Tiempo
Bogotá, Colombia, 2015
Texto: Andrés García La Rota (Curador y Artista)
“Se preguntó entonces si las demás personas que se habían quedado experimentaban el vacío de la misma manera. O bien, esto podría deberse a su peculiar identidad biológica, una degeneración determinada por su inepto aparato sensorial” (Philip K. Dick).
Lapsus Trópicus: una instalación que explora los debates sobre biotecnología y los mundos virtuales versus la fragilidad del universo biológico, y cuestiona la ficción de un futuro por venir. Esta muestra de la artista brasilera Karen Aune, Lapsus Trópicus, es un ecosistema transformado por la tecnología: mundo artificial, sensorialmente virtual, fractal, simbiótico, orgánico e invasivo que promueve la inmersión de un espectador-explorador en un mundo alterado por un glitch, un error informático. Los nuevos objetos botánicos que surgen son clonados; mutan digitalmente, una y otra vez, hacia otros elementos más complejos. La floresta se torna en matriz entre un mundo virtual y su propio simulacro. Este error, alimentado por la fusión del glitch y la “experiencia tecnoestética”, que evidencia la tecnología empleada en un proceso creativo (Couchot), revela un contenido estético que busca distintos medios de conceptualización y elaboración.
Las potencialidades del low tech y el high tech se reúnen a partir de softwares de diseño paramétrico y máquinas de corte numérico —a su vez algoritmos sonoros— que sintetizan la imagen del sonido biológico emulan el bosque tecno. No se amplían los archivos encontrados, pero sí se manipulan, se generan, se rediseñan y modelan en varias fases hasta dar con los elementos que componen la obra: una intervención biodigital invasiva en un espacio específico. El proyecto se basa en los conceptos de transformación y mutación que rigen las piezas de la obra, cada una generada mediante variaciones y desarrollos sutiles que se aproximan a los procesos evolutivos y transformativos de la propia naturaleza.
El diseño sonoro de Lapsus Trópicus se escogió pensando en las características biológicas de las plantas que inspiraron la obra (Araceae, Areca, Heliconia, Bromelia, Monstera Delicosa); este esquematiza el código genético (Light Harvesting Complex 878nt) hallado en los pigmentos de los cloroplastos que actúan como antenas receptoras de luz durante la fotosíntesis para mutarlo a 64 posibilidades de organización.
Este proyecto fue desarrollado con el Fondo de Apoyo de Profesores Asistentes (fapa) para la investigación y creación desde la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes. Tiene como objetivo generar nuevo conocimiento a través de los procesos creativos que involucran arte, diseño y arquitectura. La exposición cuenta con una sala de procesos en donde se puede conocer los orígenes del proyecto y algunos de los prototipos que abren al público el viaje creativo y experimental de la artista. Finalmente, cuenta con el espacio principal donde el espectador hace una inmersión en una instalación de un bosque virtual materializado desde el diseño paramétrico acompañado de un proyecto sonoro que complementa la experiencia.
Karen Aune /Lapsus Trópicus
Fundación Faro del Tiempo / Artnexus n.º 99
Bogotá, Colombia, 2015
Texto: Santiago Rueda Fajardo (Ph. D. en Historia y Crítica del Arte, Universidad de Barcelona – Curador in(ter)dependiente)
En su tercera exposición individual en la ciudad —Neoptiks, su exhibición anterior, fue presentada en el Mambo en el 2010—, la artista brasileña residente en Colombia realiza una sorprendente muestra, una especie de declaración de principios estéticos, donde toma el espacio de la Fundación Faro del Tiempo como un laboratorio para presentar sus más recientes obras, que dan continuidad a sus reflexiones sobre la naturaleza, la tecnología, el diseño, el hábitat y la vida artificial, valiéndose de piezas en acrílico y madera de pequeño, mediano y gran formato, planos, maquetas, objetos e, incluso, plantas carnívoras.
En un medio como el bogotano, donde los artistas trabajan orientados por la noción de crisis —económica, ecológica, política, psíquica—, el lapso tropical de Aune sorprendía por su exuberancia, ambición y descarado optimismo. El interés por la evolución matemática de formas vegetales y sus probables transformaciones constituía el eje de la exposición, y Aune se dedicaba a poner a prueba, en diferentes modelos y escenarios, si pueden llamarse así, sus variaciones sobre la forma.
La mayoría de las piezas están construidas en madera y acrílico, desarrollándose en unas progresiones físicas que se destacaban por su elegancia y elocuencia.
La pieza principal de 16 metros de largo, y dispuesta en una sala con espejos, era una demostración de lucidez y de atrevimiento formal, y justificaba, por sí sola, la existencia de la exposición. Sin embargo, Aune una artista que se destaca por su rigor, atención al detalle y obsesión por el resultado final, emplazó en el primer piso del espacio una serie de modelos a escala, planos y diseños que no solamente “explicaban” el proyecto promovido por el Departamento de Diseño de la Universidad de los Andes, sino que permitían disfrutar, en extensión, el jardín botánico biotecnológico de Aune, cargado de alusiones al modernismo brasileño, a la ciencia ficción y a cierta psicodelia, proveniente no solo del exotismo de estas formas posvegetales, sino también del acrílico verde que daba a la muestra, curada por Andrés García La Rota, libertad y voluptuosidad.
Las más de sesenta maquetas expuestas permitían conocer a fondo el inventario de formas que la artista ha creado en los dos últimos años, y adentrarse a escala en el mundo que Aune está diseñando para el futuro. Las versátiles formas creadas por al artista escapaban a la mera variación formal y se movían en lo probable entre ser modelos de construcciones del futuro —torres, ductos, naves, edificios habitacionales, graneros, invernaderos—; objetos de diseño; prótesis mecánicas y/o médicas; imágenes de cadenas de adn; e incluso esqueletos de artrópodos o crustáceos. Y es que hay algo inquietante y siniestro en este jardín, precisamente la sensación de peligrosidad de estas estructuras espirales de puntas agudas, algo que la artista subraya al incluir las mencionadas plantas carnívoras junto al díptico de madera Yateveo (2012), una impresión en madera de una historia extraída de un libro de ficción sobre fauna y flora científica del siglo xix, donde se afirmaba la existencia de una gigantesca planta carnívora, el Yateveo, que devoraba a los hombres de los —en ese entonces— Estados Unidos de Colombia.
No menos importante, pero más tranquilizadora, era la intervención acústica de Alejandro Zuluaga y Pol Moreno, quienes se valieron del mismo recurso de las mutaciones de la forma y sus progresiones temporales para crear una cortina auditiva. Lo más interesante es que Zuluaga y Moreno escogieron para su intervención ciertas características, que podríamos llamar topográficas, de las plantas seleccionadas por Aune —Araceae, Areca, Heliconia, Bromelia, Monstera deliciosa—.
Siguiendo el recorrido de la obra de Aune, no dejan de sorprender su versatilidad, exigencia y evolución. Su última muestra, la mencionada Neoptiks, se componía principalmente de una pintura hiperrealista modular de 18 metros de extensión donde también se hibridaban formas orgánicas logradas a través de los medios digitales. Pero a diferencia de esta, en Lapsus Trópicus la artista logra llevar al terreno material y objetual las criaturas biomecánicas y las construcciones artificiales que antes aparecían en sus telas/pantallas.
Escapando de ciertos lugares comunes donde se sitúan los debates entre la naturaleza y cultura, y de la tradición de la botánica política, es de esperar que la estimulante aparición de una exposición atrevida como esta haga florecer creativamente la a veces demasiado uniforme escena bogotana.
Transición hacia una Civilización Planetaria
Simbiosis Entrópica
Museo de Arte Miguel Urrutia MAMU/ El Parqueadero/ Grey Cube Projects
Bogotá, Colombia, 2021
Pereira Art Museum/ Grey Cube Projects
Pereira, Colombia, 2020
Artistas: María Ximena De Valdenebro, María Fernanda Cardoso, Johanna Arenas, Carolina Villegas, Andrés Layos, Juan Covelli, Hernando Velandia, Karen Aune, Rosell Meseguer, Javier Barrios, Alicia De La Torre, Nicolás Cárdenas, Juan Walker, María Angélica Madero, Álvaro Lacouture, Álvaro Diego Gómez Campuzano, Sonia Rojas, Aníbal Gomescasseres, Adriana Marmorek, Juan Melo, Joel Grossman, Juan José García, Santiago Andrés Torres.
Texto: John Ángel Rodríguez (Curador)
Este proyecto curatorial consta de dos componentes: un laboratorio de reflexión y una exposición colectiva, con obras encargadas específicamente para este entorno
Uno de los retos que debe afrontar la humanidad es forjar una «Transición hacia una Civilización Planetaria» adecuada y equilibrada, donde nuestra especie pueda coexistir con las diferentes fuerzas del planeta, controlando, comprendiendo y coordinando sus elementos de manera equilibrada, contribuyendo simbióticamente a los distintos ecosistemas. En esta dinámica, este laboratorio proporcionará instrumentos teóricos y prácticos para hacer propuestas especulativas o hipotéticas que aborden la crisis global.
La tecnología nos permite superar algunos de los obstáculos que la visión humana no puede categorizar y entender. Los dispositivos tecnológicos nos ayudan a trascender las limitaciones perceptuales; esta forma de maniobrar ha cambiado los procesos cognitivos y se ha convertido en un modelo alternativo para comprender la dimensión en la cual estamos inmersos y, por consiguiente, reconocer la existencia de otras formas de vida. Aceptar la complejidad de la materia permite descubrir una extensa serie de simbiosis, tanto orgánicas como sintéticas.
Mientras que la entropía descubre magnitudes entre distintos estados micro y macro, cuya disposición de elementos implica un balance y organización sistemático de la materia, la simbiosis de saberes es un componente que viabiliza que las metodologías artísticas transiten hacia nuevos modelos transversales de investigación. De este modo, acceder a fuentes de referencia tecno-científica no solo puede ampliar nuestro vocabulario, sino que también permite expandir nuestras nociones de cómo debemos relacionarnos e interactuar con el entorno.
En la era molecular la materia ha sido reinterpretada: ahora podemos entenderla como un conglomerado de moléculas de distinta índole. Esta definición ha acultado realizar distintas transformaciones y experimentaciones. Este método de emplear la materia en el arte ha sido denominado “Estéticas Moleculares”. La aplicación de estos términos en el contexto creativo permite comprender la materia desde distintos territorios y discursos, puesto que tanto las categorías como las formas de describir una pieza de arte han cambiado sustancialmente. Por esta razón, este proyecto curatorial expone una serie de obras que obedecen a distintos tratamientos de la materia: por una parte, encontramos piezas realizadas en diferentes medios, y por la otra, obras en donde el procedimiento artístico obedece a una investigación que referencia áreas del conocimiento distintas a las de las artes (geoquímica, microbiología, neurología y física cuántica).
Con esta iniciativa, Grey Cube Projects intenta hacer evidente que existen distintas formas de vida, configuraciones celulares y moleculares. Elementos que aún desconocemos su origen y cómo funcionan, dimensiones perceptuales que aún no podemos discernir y que, sin embargo, coexisten en paralelo. Y aunque no logremos aún determinar su territorio de convergencia con exactitud, tampoco es acertado desconocer su existencia y lugar en nuestro universo.
En ese intervalo temporal es donde las obras aquí expuestas sirven como un umbral a esas extrañas construcciones de la materia. Esta situación puede ser vislumbrada por el espectador realizando una exploración alrededor de las propuestas artísticas, en donde encontrará una amplia gama de naturalezas modificadas, alteradas y replicadas sintéticamente. En conclusión, Simbiosis Entrópica invita a considerar la existencia de formas de vida desconocidas y, para este fin, es preciso inspeccionar con atención el recinto expositivo, ya que las obras formulan una mutación y alteración de la materia, desde una visión molecular, para así poder idear como lograremos erigir una apropiada y balanceada Transición hacia una civilización planetari